Que quizás la vida no es para vivirse toda en un mismo lugar. Eso, y darnos cuenta de que queremos vivir viajando, conociendo y explorando es una frecuencia que une a todas las almas aventureras que forman parte de la familia Grower.

Bueno, pero si eres imparable, -tu corazón tiene forma de isla y está lleno de calorcito y mar-, como el de nuestra Experience Manager, Cathaysa, mejor vivir cada aventura intentando huir del frío. Aunque ella se dio cuenta de que, al final, eso da igual… y aquí está para contarnos.

Canaria de alma y corazón

Mi nombre es Cathaysa (es un nombre guanche, típico canario). Soy del precioso paraíso llamado Fuerteventura. Sí, canaria de alma y corazón.

Con 17 años salí de mi querida isla para ir a estudiar Publicidad y Relaciones Públicas a Madrid. Tras terminar mi carrera universitaria, quería aprender inglés ya que lo necesitaba para mi futuro laboral; era una asignatura pendiente que tenía.

Próximo destino: Australia

En ese momento, decidí irme a Inglaterra donde viví durante casi 2 años. Al año de estar en tierras inglesas, y un poco cansada del frío, empecé a averiguar sobre Australia. Busqué información acerca de todo: tipos de visas, ciudades, mejor temporada

Me pasaba horas y horas viendo videos de YouTube, preguntando y buscando información. Entonces, di con la cuestión. Llegué a un punto de inflexión en mi vida. Quería seguir explorando, ya que no estaba preparada para volver a casa. Así que, di el paso y me puse manos a la obra. Mi próximo destino era Australia.

El verano antes de volar hacia mi nueva aventura no estaba consciente de lo que me esperaba. Iba con la mente abierta y sin expectativas. Recuerdo que la gente me preguntaba: pero, ¿cuándo vuelves? Mi respuesta era siempre la misma: ‘tengo visa de un año’. Pensaba: ¿cuánto estaré? ‘Ya se verá’.  Solo quería dejarme llevar y aunque estaba un poco cagada de miedo por irme tan lejos, tenía muchísimas ganas e ilusión.

La llegada

Llegué a Gold Coast un 12 de noviembre y era de noche. Estaba más muerta que viva tras casi 24 horas de vuelo. Me costó mucho superar el jetlag, pero estaba en el Miami australiano… playas interminables, parques nacionales, buen tiempo y un lugar de ensueño. Un sitio donde la vida empieza a las 5:00a.m. yendo a surfear o a hacer deporte en la playa y termina en la madrugada con alguna barbacoa, cervezas, amigos y música.

Trabajar en Goldie

Todos los comienzos son duros y aquí no fue menos; nadie dijo que iba a hacer fácil. Tardé unos dos meses en encontrar mi primer trabajo; me pateaba las calles todos los días y mandaba mi curriculum a todos sitios. Nunca me habían dicho ‘no’ en una entrevista; había tenido suerte. Sin embargo, en Australia me tocaron mis primeros ‘NO’.

Empecé limpiando apartamentos por 15$ AUD la hora; es decir, muchísimo menos que el mínimo. Al mes, encontré otro trabajo como camarera en un hotel de 5 estrellas. Aquella llamada de recursos humanos me hizo dar saltos de alegría. Día a día y con mucha actitud fui labrando mi camino en este maravilloso país porque eso es lo que se necesita. Como dice un gran amigo mío: «aquí tenemos que ser camaleones».

Añadiéndole a la maleta

En cada experiencia vas añadiendo algo nuevo a la maleta. Siempre te llevas mucho más de lo que traes, pero lo mejor y lo que más ocupa son las personas que se cruzan en ese camino. Nunca había conocido personas de tantas nacionalidades distintas ni vivido momentos inolvidables con ellas; sin duda, recuerdos para siempre.

Barbacoas, acampadas, rutas por la montaña, cascadas, roadtrips, vinos, charlas interminables, fiestas y más fiestas… Sólo quería seguir dejándome llevar.

Aquí, en este punto, fue donde me di cuenta de lo que hasta llegar a Australia no había sido consciente, y que cada día lo tengo más claro. Nací para viajar, explorar y conocer mundo.

Lo reconozco; no sé parar. No estoy hecha para estar en un sólo sitio porque lo que quiero es volar. Me enamoran las historias de todas aquellas personas viajeras que me cuentan sus aventuras y rutas. Aprendo de cada una de ellas y siempre se llevan un pedacito en mi corazón.

GrowPro y yo

Antes de venir, ya conocía acerca de GrowPro Experience. De hecho, mucha de la información sobre Australia la busqué en su web y a través de su canal de Youtube.

Siempre me había motivado lo que hacían y quería trabajar con ellos. Estando aquí, iba a todos los eventos que organizaban en Gold Coast y me juntaba con todos los Growers. Uno de mis mejores amigos vive en la Villa GrowPro; por tanto, mi día a día estaba prácticamente allí. En mayo se me presentó la oportunidad. Había una vacante, pero era en Melbourne. Cuando me dijeron que el puesto era mío ni me lo pensé. Mi próximo destino era Melbourne.

Viviendo en Melbourne

Antes de venir, no quería acercarme al frío ni de cerca. Entonces, a los seis meses de estar aquí se me presentó la oportunidad de irme a Melbourne: la ciudad con las cuatro estaciones en un día. Aún así, no me lo pensé. Cogí mis maletas y, una vez más, me aventuré. Llegué de noche, sola, con dos maletas enormes a un hostal. No conocía a nadie pero tenía muchísimas ganas.

Me tenía que comprar ropa de invierno pues no había traído nada. Mi maleta era verano en esta puro, pero eso daba igual. Día a día me empezó a enamorar su vida, sus calles, su cultura, su gastronomía, sus miles de rincones en los que cada día encontrabas algo diferente. Sin duda, es la ciudad que nunca deja de sorprenderme.

«Find a job you love and would never have to work a day in your life»

Trabajar con GrowPro ha sido una de las mejores experiencias que he vivido aquí. No sólo porque me apasiona lo que hago, que es ayudar a que vivan la misma experiencia que yo, a que se atrevan a salir de su zona de confort sino también porque he conocido gente maravillosa. Aparte de compañeros de trabajo, también son amigos. Me levanto cada día y voy al trabajo feliz. Me gusta lo que hago y la oficina es una fiesta constante. Además, la satisfacción como Experience Manager de ver un GRANTED (visa aprobada), y saber que has sido parte de ello, es preciosa. Sin duda, mi parte favorita es darles la noticia de que ya pueden preparar las maletas.

No lo tenía planteado así. Venía huyendo del frío de Inglaterra y terminé mi primer año en Melbourne (aunque ni de lejos se compara), pero con el tiempo me he dado cuenta de que todo eso da igual. Como dice la canción de uno de mis grupos favoritos: «Dejarse llevar suena demasiado bien«. Haz siempre lo que sientes porque «la vida es una sucesión de momentos y depende de ti cómo los vivas».

Creo que todavía no soy del todo consciente de lo que este año ha significado para mí. Con lo bueno y con lo malo, ha sido una experiencia absolutamente maravillosa que, sin lugar a dudas, se quedará grabada para el resto de mi vida.

Australia tiene que vivirse una vez en la vida. Así que, atrévete y sal de tu zona de confort.